Por Norma G. Escamilla Barrientos

La vida es cíclica y dialéctica, unos mueren y otros nacen de manera natural, coexistiendo así la vida y la muerte, de ahí que es la única certeza que tenemos en la vida. Sin embargo, una de las más impactantes es el suicidio y lo es, porque al ser un problema de salud pública podría evitarse en la mayoría de los casos.
Durante el transcurso de la pandemia se recrudecieron todas las problemáticas sociales existentes hasta ese momento, el desempleo, el desabasto de medicamentos, las dificultades en el sistema de salud para la atención debido a sus rezagos históricos, las violencias desplegadas en las familias, en lo laboral y en el contexto social.
En el ámbito de la salud mental comenzó a registrarse un mayor número de crisis de ansiedad, insomnio, trastornos obsesivos compulsivos, problemas neurológicos, aislamiento, negación de la realidad con lo cual aumentó el uso de sustancias psicoactivas. De igual forma, la depresión ha registrado un aumento en todas sus expresiones, impactando a todos los sectores socioeconómicos, poblacionales y etarios, lo cual al no atenderse a tiempo conlleva un aumento en el índice de suicidios.
Esto, visibiliza la necesidad de una política pública, modelos de atención, infraestructura adecuada, personal especializado, y la asignación de recursos para la atención de la salud mental de toda la población, a fin de aminorar el impacto en su salud y desarrollo integral. Un sistema de atención permanente y eficiente, no sólo que considere líneas de atención de emergencia, ya que la cifras en torno al tema van en aumento, y en poco tiempo tendremos de frente, una realidad desbordada y en el caso del suicidio se trata de perdidas humanas.
La depresión se presenta en todas las edades
Regularmente como sociedad tendemos a pensar que la depresión se desarrolla en la adultez y que surge de pronto, sin embargo, también existen cuadros con sintomatología depresiva en bebés, en la infancia y en la adolescencia, los cuales se recrudecen en la adultez y en la adultez mayor, si no se trata oportunamente.
Ahora bien, cuando hablamos del suicidio en el marco de las depresiones consideradas graves, nos remite a la complejidad para identificarlas y atenderlas, ya que derivan no sólo de un episodio aislado, y/o circunstancia. Conllevan, diversos factores graduales y multifactoriales como la estructura mental, el contexto social, la cultural y el ambiente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio coinciden en que parte de los factores de riesgo que pueden influir son: la historia familiar, los duelos no resueltos, la depresión, el estrés, el aislamiento, y las adicciones, entre otras. Si bien, podemos hablar de generalidades, sabemos que cada caso es específico y necesitará una atención desde sus particularidades.
En el caso del suicidio en la niñez y adolescencia, se pudo registrar durante la pandemia de covid-19 un impacto en esta población, debido a que se truncó de alguna manera su proceso de socialización, madurez, estructura y desarrollo, impactando en su salud mental debido al aislamiento y el hacinamiento. En el caso de la adolescencia no les permitió del todo transitar en su proceso de desapego e individualización con mamá y papá, para consolidar su autonomía, la creación y pertenencia a grupos, entre otras cosas.
Según cifras del INEGI en 2020, el número de defunciones por suicidio fue de 769 personas de 10 a 17 años, de las cuales 307 eran mujeres y niñas, y 461 hombres y niños. Siendo los estados de mayor incidencia según la Red por los Derechos de la Infancia (REDIM) el Estado de México, Guanajuato, Chihuahua, Puebla y Ciudad de México.
De igual forma en el blog de datos e incidencia política de REDIM (2000 a 2025) registran a un total de 821 suicidios con el rango de edad de 10 a 17 años, de las cuales 381 son mujeres y niñas, y 440 hombres y niños. De igual forma, registraron cinco suicidios de niñas y niños entre 5 y 9 años, durante 2025.
Factores de Riesgo.
Algunos factores que podrían poner en riesgo a la niñez y adolescencia pueden ser, los cambios de humor drásticos, depresión no tratada, deserción escolar, entornos violentos, maltrato, baja autoestima, dificultad para afrontar dificultades, retraimiento, cambios en hábitos alimenticios y de sueño, pérdida del interés por actividades, descuido en el arreglo personal, aburrimiento, dificultades para la socialización, poco contacto con su emocionalidad, poca tolerancia a la frustración, ideación constante de morir, entre otros. Al respecto el DSMIV considera que existe un mayor riesgo de suicidio cuando existen desórdenes psicóticos, intentos previos, historia familiar de suicidios, o bien, cercanía o dependencia de sustancias psicoactivas.
Por otro lado, algunos factores protectores serían: contar con una atención terapéutica, la creación de vínculos sociales, redes de apoyo, hablar del tema, crear alternativas de atención y apoyo, dejar de estigmatizar el suicidio, contar con un ambiente y entorno suficientemente sano y seguro, promover su autonomía, fortalecer su autoestima, promover la valoración del autocuidado, promover su desarrollo y bienestar social, entre otros.
Para la atención y prevención del suicidio existen diversas propuestas terapéuticas y éstas dependerán del grado y riesgo de cada caso. La prevención será una tarea permanente al interior de las familias, pero también en los espacios educativos, de salud, sociales e institucionales.
En el caso de requerir algún apoyo puedes contactar a algún tipo de psicoterapia privada, o bien, llamar a la línea de la vida 800 911 2000, y/o a la Unidad de Inteligencia Epidemiológica Sanitaria 800 00 44 800, al chat de CONFIANZA del Consejo Ciudadano del programa ¿Sí a la Vida! al número telefónico 5555335533. Otra opción es Locatel 5556581111, todos ofrecen atención en crisis de manera gratuita las 24 horas de los 365 días del año a nivel nacional, también puedes consultar el micrositio de salud mental de la secretaria de Salud.
Calibrar los miedos, las angustias, sentir que no encajas en nada, sentirse en soledad y con vacíos, no es algo fácil de transitar, se requiere no sólo de amor y preocupación, sino de un acompañamiento profesional tanto terapéutico como psiquiátrico según sea el caso, no lo vivas en soledad, pide apoyo y/o bríndalo a alguien que lo necesite.
Norma G. Escamilla Barrientos Licenciada en pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM, maestría en psicoterapia psicoanalítica por el Centro Eleia, A.C., con Diplomados en Salud Mental en Situaciones de Violencia Política y Catástrofes, por la Universidad Complutense de Madrid-España y GAC; Enfermedades Depresivas en el Centro Eleia, A.C., Curso Superior «Prácticas psicoanalíticas en devenir», en la Escuela Libre de Psicoanálisis de Argentina, entre otros.

