Por: Norma G. Escamilla Barrientos

El Informe final del Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico que consta de 5 volúmenes, desarrolla una presentación, resumen y recomendaciones, en torno a la Violación grave a derechos humanos durante el periodo 1965-1990, del cual retomo la siguiente frase: “Nunca descansarán mis pasos hasta que el fulgor de la justicia resplandezca en la montaña y alivie mi eterno dolor […] sus denuncias como certeras saetas están grabadas en nuestros corazones y en estas páginas que atesoramos. Sus nombres que nunca olvidaremos, el Estado tiene la obligación de honrarlos”. (¡Fue el Estado!, Volumen 1, 2024)
Cómo poner en palabras, aquellas vivencias que los perpetuadores causan a sus víctimas privándoles de la libertad, inmersos en situaciones violentas que les crea confusión, tristeza, rabia, miedo, impotencia, vulnerabilidad, dolor extremo, y devastación ante la tortura ejercida en su ser, su mente, su cuerpo, su familia, y su entorno.
Al respecto, Pau Pérez-Sales, psiquiatra y director del Postdoctorado en Salud Mental en Violencia Política y Catástrofes de la Universidad Complutense de Madrid, y del Centro SiRa, Centro de investigación, documentación forense y rehabilitación de Víctimas de Malos Tratos y Tortura, recién nombrado Relator especial de la ONU sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, plantea que cuando se habla de perpetradores es importante visualizar que no es una persona aislada, sino una cadena estructurada en un sistema con dos discursos. En dicha cadena, se ubica primero al ejecutor directo, que recibe ordenes, luego se ubica a quien diseña la estrategia, y en un tercer lugar, se encuentra al ideólogo, el cual crea la estrategia.
De igual forma, Mariana Castilla, consultora y asesora técnica en desapariciones forzadas en el contexto mexicano, junto con otros colegas, refieren que las desapariciones forzadas son un “fenómeno sistemático y reiterado que está destinado no sólo a producir la desaparición misma, momentánea o permanentemente, de determinadas personas, sino también un estado generalizado de angustia, inseguridad y temor”, lo cual se encrudeció este año con el operativo de “El Mencho” en Jalisco y la entrega del “Mayo Zambada” lo cual a derivado en Culiacán, Sinaloa que la gente viva entre el fuego cruzado todo el tiempo, sin saber si regresarán a su casa.
Ambos especialistas refieren la complejidad del tema, ya que no solo es intervenir en un hecho, o los ejecutores, sino en una estructura que sostiene en diferentes niveles de operación dichas desapariciones y ejercicio de las violencias, donde también además promover un estado de angustia y vulnerabilidad de los derechos en la población puede favorecer dicho sistema.
También se ha vuelto cotidiana esta violencia y las desapariciones para Reynosa, San Fernando, Guerrero, Veracruz, y ya prácticamente en todo el país. El historial mexicano en este tema es largo, Chiapas que no deja de tener desplazamientos, sin olvidar Acteal, la muerte de 55 migrantes centroamericanos en Chiapas, la masacre de El Charco en Guerrero, los estudiantes del 68, los 43 jóvenes de Ayotzinapa, las más de 130 mil personas desaparecidas registradas hasta este 2026 en el país, y un innumerable listado de casos, que forman parte de la impunidad de nuestro país, creando un ambiente de desesperanza.
Así, el próximo 30 de agosto se conmemorará el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzadas, y seguirán manifestándose los colectivos de la CDMX, y en los estados, para seguir visibilizando sus ausencias, exigiendo justicia. ¿Cuánto tiempo más tendrán que salir a pedir justicia sus familias?
En dicho marco, el Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico (MEH), presentó un primer Informe en 2024 sobre la Guerra Sucia en México, durante el periodo de 1965 a 1990, en el cual identificaron a 15 conjuntos de víctimas: “comunidades campesinas, indígenas y afromexicanas en la lucha por sus territorios, población que se opuso a políticas públicas de desarrollo, habitantes de zonas donde se combatió el narcotráfico, personas marginalizadas y criminalizadas, integrantes de las fuerzas armadas y policiales, disidencias político-partidistas, movimiento urbano popular, disidencias sexo-genéricas y religiosas, periodistas, personas refugiadas guatemaltecas, organizaciones político-militares, movimientos estudiantiles, así como, laborales-sindicales y redes de apoyo contra la represión”.
De igual forma, se suman otros registros como el de la serie Ayotzinapa, un crimen de Estado realizado por HBO, DEMAC en su convocatoria 2024 de testimonios “madres buscadoras”, el libro de Alicia de los Ríos Merino, hija de una víctima de desaparición forzada en 1978,quien integró 20 ensayos en “Las luchas por la memoria contra las violencias en México”, así como la academia, cantantes, organizaciones, y activistas de derechos humanos intentan desde sus espacios hacer visible estos crímenes de lesa humanidad, para poner fin a la impunidad y evidenciando el doble discurso gubernamental, el cual promueve la tortura sistemática como una forma de control social, poniendo en mayor desventaja a las mujeres.
Finalmente, no dejemos de preguntarnos y sentir ¿cómo se puede vivir con la ausencia de una víctima de desaparición forzada?, ¿cómo retomar la vida ante la vulneración de sus derechos?. El impacto y el trauma que viven estas personas y sus familias es devastador y trascenderá al menos a tres generaciones según registros de Pau Pérez-Sales.
El impacto traumático, social, económico y familiar en las familias quevivenuna desaparición forzada conlleva entre muchas a la desintegración familiar, cambios en los roles comunitarios, el vivirse en un riesgo y amenazas permanentes. Emocionalmente se viven con incertidumbre, miedo, ansiedad, culpa, frustración, impotencia, dolor, rabia, insomnio y la ideación suicida, ante lo frustrante que enfrentan con la autoridades y procedimientos para la búsqueda de su gente querida.
En el caso de las mujeres viudas son despojadas de sus casas y tierras, cómo vivir y no perder la razón, pues abrazan su dolor, comienzan de la nada y luchan porque el estado reconozca su responsabilidad con sus muertos y muertas, exigiéndole no más torturas y desaparecidos, “a los pueblos, a cada persona que, en plena obscuridad de la violencia, su luz alumbra los caminos que nos guían hacia el sentido más profundo para la paz, donde arde el fuego de la vida” (Informe Frayba, 2023).
Norma G. Escamilla Barrientos
Licenciada en pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM, maestría en psicoterapia psicoanalítica por el Centro Eleia, A.C., con Diplomados en Salud Mental en Situaciones de Violencia Política y Catástrofes, por la Universidad Complutense de Madrid-España y GAC; Enfermedades Depresivas en el Centro Eleia, A.C., Curso Superior «Prácticas psicoanalíticas en devenir», en la Escuela Libre de Psicoanálisis de Argentina, entre otros.