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Hostigamiento y acoso laboral: la violencia que aún se normaliza.

Por Norma G. Escamilla Barrientos.

Al hablar de hostigamiento y acoso laboral no podemos dejar de lado las relaciones de poder en un contexto sociocultural, sustentado en roles y estereotipos naturalizados, a partir de los cuales se posicionan a mujeres y hombres en el ámbito laboral, por ejemplo “la asignación” de puestos de mayor subordinación, menor paga y condiciones más vulnerables son asignados en mayor medida a las mujeres, en tanto los puestos mejor remunerados y con toma de decisiones se asignan a los hombres principalmente.

Una forma de violencia laboral histórica que se ha ejercido y naturalizado a través del tiempo es el hostigamiento y acoso laboral hacia las mujeres, el cual visibiliza la discriminación y vulneración de sus derechos humanos. Si bien, también lo viven hombres y personas de la diversidad, como siempre, el índice es mayor por mucho en las mujeres.

Al respecto, el Informe Anual 2023 referente a las Denuncias de hostigamiento sexual y acoso sexual en la Administración Pública Federal, registró 591denuncias correspondientes a 104 entes públicos, de los cuales el Colegio de Bachilleres registra el más alto número con 77 casos, y el de menor registro es la Secretaria de Relaciones Exteriores con 1 caso. Cifras que me parece no reflejan el número real.

Desde mi experiencia en el acompañamiento a víctimas, sé que algunos motivos por los que no denuncian, y si denuncian desisten después de un tiempo, debido al temor de perder su trabajo y vivir represalias, de hacer por “perdidos” sus expedientes, de vivir procesos largos y hostiles, de condicionarlas para aceptar una disculpa y cerrar el caso entre muchas más.

De igual forma, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021 del INEGI agrupa en las cifras de violencia sexual tanto el acoso como el hostigamiento sexual, abuso, y tocamientos no consentidos, registrando que el 49.7% de las mujeres mayores de 15 años ha sido víctima de violencia sexual de su vida. Registrando en el ámbito laboral una incidencia porcentual del 17.9% con situaciones de intimidación, acoso y hostigamiento sexual en el trabajo.

Algunos de los actos registrados en el acoso y el hostigamiento sexual laboral se manifiestan a través de piropos ofensivos de carácter sexual, o sobre su cuerpo, tocamientos, manoseos sin consentimiento, insinuaciones o propuestas para tener relaciones sexuales a cambio de algo, agresiones físicas, humillación y denigración constante, entre otros.

De ahí, que, a partir de visibilizar y comenzar a desnaturalizar estos actos, en 1996 se elaboró el protocolo para la prevención, atención y sanción del hostigamiento sexual y acoso sexual, publicado en el Diario Oficial de la Federación, el cual determina la implementación de acciones en las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal para atender dicha problemática. De igual manera aparece en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en el artículo 13 referente al hostigamiento sexual y acoso sexual, en el Código Penal Federal sólo se refiere al hostigamiento sexual en su artículo 259 bis.

Existe un ocultamiento y una falta de sensibilización en las instituciones sobre el acoso y hostigamiento laboral.

Haciendo un balance, no todas las dependencias y entidades cuentan con su protocolo, así como tampoco han implementado su mecanismo institucional de prevención y atención para los casos existentes. Hay un gran vacío en la difusión y sensibilización del instrumento, así como en la implementación de una estructura de atención, y por tanto del registro de denuncias y acompañamiento a las víctimas en sus procesos.

El hostigamiento sexual y acoso sexual está determinada por la posición laboral, en ambas se transversaliza el ejercicio de poder y la lascividad. En el primer caso hay un ejercicio de poder con referencia a una relación de subordinación estructural con la víctima, y se despliega en el ámbito laboral y fuera del mismo, por ejemplo, cuando se coerciona a realizar “comidas o cenas de trabajo” en las cuales seduce a su víctima, la presiona a beber, y/o entabla una “relación amorosa” para poder controlarla y obtener información del resto del personal, la condiciona para una promoción o un mejor salario, o bien, para no despedirla, entre otras situaciones.

El acoso sexual opera de manera horizontal, entre pares de jerarquías homólogas o de menor posición a la persona acosada, y puede ser uno o varios eventos. Se suscita en diferentes espacios como escuelas, familia, transporte público o en el trabajo.

Regularmente pasa que, ante la ausencia del protocolo de atención, la empresa y/o institución “negocia” con la víctima para removerla de área laboral bajo el discurso de “protegerla” y, a cambio piden a la víctima que no entablen un proceso jurídico “tedioso”. Lo cual en realidad vulnera sus derechos humanos y laborales. En otros casos las víctimas terminan renunciando ante los agravios y el hostigamiento constante tanto del victimario como de la misma institución.

El impacto emocional del acoso laboral

Quienes han transitado por un proceso de hostigamiento y acoso laboral, saben que no es fácil lidiar con las circunstancias. De entrada, queda vulnerable su permanencia en el puesto si decide hacer una denuncia, su salud mental se fragiliza presentando diversos síntomas, comienza a dudar de la realidad, lo cual nos habla de una escisión de la mente. Se siente culpable a partir del manejo y coerción con que actúa el hostigador y/o acosador, siente vergüenza, cree que nadie le va a creer, duda de su capacidad intelectual y profesional.  Puede presentar el síndrome de Estocolmo pensando: “seguro yo lo provoque”, “es que yo acepte salir a comer con él”, “es que tal vez yo le di entrada”, “igual y yo entendí mal y solo era amable conmigo”, entre otras.

Los síntomas generales que presenta las víctimas son: estrés postraumático, ansiedad, miedo, depresión, baja autoestima, irritabilidad, trastornos del sueño, dolores de cabeza, problemas gastrointestinales e hipertensión, debido a la presión que se exponen, en algunos casos son necesarios el acompañamiento terapéutico y psiquiátrico.

Algunas características generales que presenta el hostigador y/o acosador son la de crear confusión en su víctima, lo cual provoca un enganche intenso y una confusión de la atracción física, pero en realidad tienen que ver con una invasión transferencial a su víctima. De ahí que, el contacto cero plantea evitar el mirarse con el victimario, ya que le produce una atracción hipnótica, el cual conocemos como enganche.

El victimario por su parte demuestra todo el tiempo su poder sobre la víctima, la manipula, la incapacita, la degrada constantemente, la intimida y la sobreexpone a fin de que se equivoque, le pide trabajos imposibles de concluir a fin de demostrarle “su incapacidad” y tener mayor control sobre ella. Desde la psicopatía son encantadores y seductores con lo cual anulan la voluntad de su víctima. Se victimiza ante su víctima, y la desestabiliza todo el tiempo, a fin de seguirla manipulando.

Finalmente, es muy importante denunciar estos casos y saber que legalmente exista o no un protocolo de atención en el ámbito laboral se puede recurrir a poner una denuncia vía administrativa, penal y/o laboral, en la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (FEVIMTRA); en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH); en la Dirección General de Igualdad Sustantiva y No Discriminación; en la Dirección General de Prevención, Atención y seguimiento a casos de violencia de género, incluyendo acoso y hostigamiento sexual, y/o en la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (PROFEDET) donde recibes orientación, asesoría y representación legal gratuita ante situaciones de discriminación, acoso y hostigamiento laboral.

¿Y tú has vivido algún evento de hostigamiento y acoso laboral?

Norma G. Escamilla Barrientos. Licenciada en pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM, maestría en psicoterapia psicoanalítica por el Centro Eleia, A.C., con Diplomados en Salud Mental en Situaciones de Violencia Política y Catástrofes, por la Universidad Complutense de Madrid-España y GAC; Enfermedades Depresivas en el Centro Eleia, A.C., Curso Superior «Prácticas psicoanalíticas en devenir», en la Escuela Libre de Psicoanálisis de Argentina, entre otros.

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