Después de tanto tiempo,
mi cicatriz es visible,
el desgarre de mi alma tuvo que zurcirse cada año.
De ese tamaño la herida,
en cada zurcida, venían los recuerdos buenos y no tan buenos,
el dolor me desvanecía,
cada vez que la aguja y el hilo, de manera amorosa hilvanaban mi herida,
intentando cerrar el inmenso escondrijo que dejaste.
Entonces, el hilo que recogía todo ese dolor suturaba y reparaba,
dando un alivio a esa piel magra, a flor de piel.
pasaron un año, dos, tres y cuatro,
remendar se lleva su tiempo,
después, la piel hace lo suyo.
Ahora ya está la cicatriz,
terminaré por reponerme,
y cuando apenas se note esa cicatriz,
seguramente ya no dolerás,
y tal vez, tampoco aparecerás en mis pensamientos,
ya no, de manera dolorosa.
Pero eso sí, la cicatriz tomará forma de una insignia,
tatuaje de una gran batalla, de dónde salir victoriosa, no era fácil,
remendarse y seguir adelante, es una muestra de amor propio,
es darse un beso de miel para mitigar el dolor y sanar la herida.



