Textos y pretextos para leernos

Tratando de perderme me encontré

Por Natalia Martínez Escamilla.

Llegué al parque donde solía refugiarme, su tierra cálida, hoy mi cuerpo la percibía helada. Yo, que siempre fui obediente y seguía las reglas, ese día se me ocurrió algo que nunca me había sucedido, cosa que me provocó un escalofrío interior. Un deseo que ocupaba toda mi mente: Escapar.

Surgió un pensamiento absurdo mientras me columpiaba en soledad, ahora, era en todo lo que podía pensar. No fue intencional, ni siquiera era una idea que pareciera propia, sin embargo, lo era. Y al contrario de cómo se supondría, por una vez en mi corta vida quería seguir mi impulso. Mis padres me esperaban para cenar, los amigos esperaban una respuesta de los mensajes enviados aquella tarde, mi mascota anhelaba mis caricias… pero ninguna de esas razones parecía detenerme, ni importarme.

Bajé del columpio, y comencé a caminar sin rumbo fijo alrededor del parque, con la mirada perdida y con mil preguntas vagando en mi cabeza: ¿quién soy?, ¿por qué algo que creí impropio de mí ya no lo era?, ¿cómo llegué a este punto?, no tenía la respuesta a ninguna de esas preguntas por más que las buscara en lo recóndito de mi persona.

Sin darme cuenta, dando no muchos pasos, llegué debajo de un puente que siempre solía cruzar para llegar a mi antigua escuela, me senté y recordé a la niña pequeña y ejemplar que era, la cual causaba orgullo en los demás. ¿Qué pensaría ella de mí en estos momentos?, tal vez decepción, lástima o admiración, por hacer algo que ella nunca se hubiera atrevido a hacer. Empezaba a sentir algo de remordimiento, pensando que tal vez debería volver a casa cuanto antes y actuar como si nada de esto hubiera pasado, pero había algo que ni siquiera puedo explicarles, que impedía que me moviera del lugar en el que me encontraba.

Fue entonces, que mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de pasos cada vez más cercanos a mi persona. El miedo se apoderó de mí, pero no me moví, simplemente observé a mi alrededor, una sombra humana que parecía buscar algo, de repente preguntó si de alguien era una bolsa que había encontrado en el columpio del parque.

¡Oh! exclamé, en mi divagación había olvidado mi bolsa, todas mis pertenencias estaban ahí. Así, por fin me levanté y al salir del puente inmediatamente me topé con él, un chico que parecía tener mi edad, le dije que era mía y al terminar de agradecerle volví a sentarme donde antes, esperando que él se retirara, cosa que no hizo, al contrario, se acercó más a mí – ¿Segura qué es tu bolsa? – me preguntó.

Hasta entonces me di cuenta de lo poco creíble que había sido reclamarla para luego sentarme debajo del puente como una persona sin hogar, ni rumbo, ni pertenencias. Sin embargo, no sabía cómo probarle que sus percepciones hacia mí eran erróneas, lo único que logré fue mirarlo y creo que notó la desesperación en mis ojos porque lo siguiente que hizo fue sentarse a mi lado para preguntarme si estaba bien o necesitaba ayuda.

No le contesté, solo empecé a sacar las cosas dentro de mi bolsa, las apilé en el suelo y tomé el primer objeto: Un brillo de labios que me había regalado mi mamá hace un mes por haber concluido el primer año de preparatoria. Se lo mostré y le conté cómo había llegado a mí. Empecé a hacer eso con cada objeto, él solo se quedó a mi lado escuchando pacientemente.

Fue una sensación rara, cada historia detrás de los objetos me recordaba quien era yo: la pinza que había comprado para tratar de hacer algún cambio en mi cabello, después de no haberme atrevido a cortarlo; la foto de mi perrito Charlie, llamado así por mi caricatura favorita de pequeña; el libro de bolsillo que me prestó mi abuelo cuando le dije que quería leerlo.

Con cada objeto, las lágrimas se acumulaban en mis ojos, porque sentía y ahora lo sé, que esa joven que yo había sido en el pasado, sigue siendo la misma, aun y cuando en ciertos momentos me sienta lejana; y es que no había entendido, hasta ahora, que los cambios y el crecer son partes inevitables de la vida, que los objetos forman parte de mi historia y que nunca dejaré de ser yo, aunque a veces me vea como una desconocida.

Natalia Martínez Escamilla

Preparatoriana escribana que goza leer y escribir historias.

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